Las Hermanas de la Providencia de San Vicente de Paul han atendido a los pobres desde la fundación de la congregación en 1861, cuando empezaron a proveer cuidados compasivos a los huérfanos y personas de avanzada edad. En el último siglo su trabajo con los pobres en el Canadá ha evolucionado para satisfacer las necesidades de los tiempos y las Hermanas participan activamente hoy en ministerios dentro de cocinas economias, bodegas de ropa, prisiones, escuelas y refugios para personas con necesidades. Asimismo, las Hermanas trabajan en algunas de las áreas más pobres del Perú.
Al mismo tiempo, las Hermanas de la Providencia se han sentido obligadas a trabajar para superar las causas de la pobreza, siguiendo la declaración de su misión de comisionar a otros, especialmente al pobre y oprimido, a lograr una calidad de vida resguardando su dignidad humana. A principios de 1990 la congregación oficialmente estableció una oficina de Justicia y Paz para identificar y actuar no violentamente sobre asuntos que afectan a los pobres. Esa acción incluye ser una voz que desafía a todos – desde miembros de la congregación, al elegidos oficiales, al público en general – a estar más concientes del impacto que nuestras decisiones tienen en todos los miembros de la sociedad.
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